2017 fue el año en el que vimos cómo Lady Bird (Saoirse Ronan) se marchaba de su Sacramento natal para dejar atrás a su familia, su instituto y todo lo que conocía hasta entonces para irse a estudiar a Nueva York; no sin antes haber tenido sus primeros desengaños amorosos y malentendidos con su madre (Laurie Metcalf). Y mientras en Lady Bird (2017, Greta Gerwig) se nos mostraban los momentos de rebeldía de su protagonista poco antes de enfrentarse a su vida adulta, este año era el turno de Booksmart (2019, Olivia Wilde), que ha aterrizado en España bajo el título de Súper empollonas. No, no es casualidad: de la misma forma que Bridesmaids (2011, Paul Feig) se consideraría "la versión femenina de The Hangover (2009, Todd Phillips)", en el caso de la ópera prima de Olivia Wilde no se ha tardado en etiquetarla como "Superbad (2007, Greg Mottola) pero protagonizada por chicas".
Y sí, las coincidencias son más que evidentes: los dos chicos de la cinta producida por Judd Apatow están en la misma escala social que las protagonistas de Booksmart, es decir, los pringados que no han encontrado su sitio en todos estos años de instituto y pretenden hacer del último día del curso un punto y aparte en esta jerarquía estudiantil; de la misma forma que Molly (Beanie Feldstein) y Amy (Kaitlyn Dever), pero las diferencias también lo son. Al contrario que Superbad, Booksmart no es la historia de dos chicos que buscan perder la virginidad antes de acabar el instituto como hacían Michael Cera y Jonah Hill en Superbad, sino que también es una historia con la que cualquiera puede llegar a sentirse identificada si rememora esos años.
Porque sí, pueden llegar a ser la jungla que se mostraba de forma literal y exacerbada en Mean Girls (2004, Mark Waters) y todos hemos conocido a una Regina George a lo largo de nuestras vidas, pero lo que no se suele mostrar en este tipo de películas es esa presión por esforzarse para ser la mejor versión de uno mismo en el instituto (y sobre todo plasmarlo a través de muchísimos exámenes que serán el preludio al EXAMEN que es la prueba de acceso a la universidad). Así pues, cuando vemos a Molly buscando motivación a través de la voz de Maya Rudolph (la primera de varios alumni de Saturday Night Live que irán apareciendo a lo largo de esta aventura), podemos identificar que se trata de una chica que siempre se ha estado exigiendo demasiado para acabar encontrándose con una noticia sorprendente: de la misma forma que ella, todos sus compañeros han sido aceptados en universidades de la Ivy League.
Al contrario de lo que veíamos en Lady Bird, el problema que desata los hechos de la película no nace de las relaciones familiares, sino de que Amy y Molly han estado privándose del lado divertido del instituto para acabar de la misma forma que sus compañeros, de manera que utilizan la última noche como estudiantes para romper con todo lo que habían hecho hasta ahora y ser aceptadas por toda la clase; a la vez que se dan cuenta de que al dejar el instituto sus vidas van a tomar rumbos diferentes y no van a estar tan unidas como entonces. Como en todos los coming-of-age, los clichés que se pueden encontrar en los institutos americanos (por lo menos en la ficción) se cumplen a rajatabla para así darles una vuelta de tuerca y romper con esos estereotipos que todavía persisten hoy en día.
Algunos de los ejemplos pueden ser Triple A (Molly Gordon), la chica a la que han etiquetado como la promiscua de clase; o Jared (Skyler Gisondo), que es capaz de repartir camisetas con su cara y hacer una fiesta en un yate con regalos para todos los asistentes con tal de conseguir la amistad de alguno de sus compañeros. Jared, junto a Gigi (Billie Lourd), serán algunos de los puntos cómicos más fuertes de la cinta, que no se limita a centrarse en las relaciones amorosas de las chicas y más bien en la amistad entre ambas. Así pues, y con un equipo prácticamente liderado por mujeres tanto desde el lado de la dirección como del guión de la película, Booksmart aparece como una apuesta fuerte para seguir aportando una brisa de aire fresco a un género tan explotado por Hollywood como es el de las películas para adolescentes; aunque uno de los inconvenientes que pueden encontrarse a la hora del estreno en España es el hecho de aparecer en cartelera en pleno verano, de la misma forma que ocurre con otras de las películas que tienen números para ser de las más aclamadas de este año, como es el caso de Once Upon A Time in Hollywood... (2019, Quentin Tarantino) o la espeluznante Midsommar (2019, Ari Aster).
Por otro lado, y aunque la mayor parte del peso recaiga en el dúo protagonizado por Beanie Feldstein (a quien seguro que se recuerda como la amiga de Lady Bird y que, en la vida real, es la hermana de Jonah Hill y hace que las similitudes entre Superbad y Booksmart sean todavía más evidentes) y Kaitlyn Dever, además de otros personajes que ejercen de puntos cómicos fuertes como los ya mencionados Gigi y Jared, también hay que tener en cuenta el plantel de adultos con el que se codea Olivia Wilde para realizar esta película, con antiguos miembros de Saturday Night Live como son Will Forte o Jason Sudeikis; e incluso la presencia de Lisa Kudrow y Jessica Williams. Pero por mucho que la comedia de sketches más tradicional se haga paso en la película, eso no le resta momentos de originalidad, entre los cuales se encuentra una secuencia de animación que se lleva a cabo cuando Molly y Amy sufren los efectos de las drogas. Booksmart es consciente de todos los tropos que subvierte, y aun así se permite utilizar otros recursos de forma original que no se habían visto hasta entonces en este subgénero.
Ya para acabar, también hay que tener en cuenta que la película dirigida por Wilde es fruto de los tiempos en los que se sitúa, y que no se esconde de ello en ningún momento: en una época donde la inclusividad está a la orden del día pero que la representación todavía falla en algunos aspectos, Booksmart rompe una lanza a favor y muestra de forma abierta a un personaje LGBT como es Amy. Al contrario de lo que ocurría en Love, Simon (2018, Greg Berlanti), Amy no está dentro del armario, pero todavía está intentando descubrir quién es tanto como su identidad sexual como aquello a lo que va a dedicar sus próximos años. El despertar sexual de Amy, que no se limita a ser un personaje secundario y el sidekick de la protagonista sino que es una de las protagonistas, será crucial a lo largo de la película, pero que no se limita a ser una competición por perder la virginidad como hemos visto en la gran mayoría de películas de este tipo, y que incluso se encarga de desmontar tabúes a través de osos de peluche desgastados. Así pues, y tal y como ocurre en toda la película, cualquiera que vea Booksmart podrá identificarse, en cierto modo, con alguno de los personajes y volver a los años de instituto.



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